Beveridge revisitado

 

William Henry Beveridge fue un economista y pensador social nacido en 1879 en Rangpur, actualmente en Bangladesh, hijo de un funcionario colonial del imperio británico, juez del Indian Civil Service. Estudió en el Balliol College de Oxford y de muy joven se inició en el estudio de las causas y las soluciones del desempleo laboral, interés que guiaría toda su trayectoria intelectual y profesional. Incorporado al Food Ministry por Winston Churchill, diseñó el sistema británico de racionamiento de alimentos de la Primera Guerra Mundial. En reconocimiento de su trabajo en 1919 lo nombraron caballero. Ese mismo año comenzó a dirigir la London School of Economics and Political Science. Lo dejó en 1937, al ser elegido master del University College de Oxford.

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William Beveridge (1910). Fuente: Wikipedia

En 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, Beveridge presentó al Parlamento el informe Report of the Inter- Departmental Committee on Social Insurance and Allied Services (conocido como Beveridge Report) [1], elaborado a instancias de la coalición que gobernaba el Reino Unido en tiempos de guerra. Este informe puso los fundamentos de la estrategia de reconstrucción del Reino Unido después de la guerra mediante políticas sociales en sanidad, educación, ayudas familiares, pensiones, empleo y construcción de viviendas. Por lo tanto, se puede decir de Beveridge que es el padre del Welfare State británico, uno los primeros “estados del bienestar” que florecerían después de aquella hecatombe mundial.

El reconocimiento oficial de esta monumental tarea intelectual le vendría en 1946 en forma de un nuevo nombramiento, esta vez a como 1st Baron Beveridge of Tuggal.[2] Más importante que esto es el enorme impacto del Beveridge Report, que rápidamente recibió el encomio casi universal de la opinión pública británica. En pocos días, y en pleno tiempo de guerra, se vendieron 70.000 unidades. El mismo gobierno manifestó que el informe había sido acogido con aprobación casi universal por la opinión pública y los diversos sectores de la comunidad. El diario The Times dijo que era un documento muy importante, destinado a ejercer una influencia profunda e inmediata en la dirección del cambio social en el Reino Unido. El arzobispo de Canterbury, William Temple, aseveró, ni más ni menos, que era la primera vez que alguien había personificado el espíritu entero de la ética cristiana en una ley del Parlamento.[3] Esto se puede interpretar como una aceptación explícita de la Iglesia de Inglaterra de la visión keynesiana de la política social y económica.[4]

En la alocución radiada After the War de marzo de 1943, el primer ministro Churchill advirtió la población que las duras circunstancias de aquel momento no permitían imponer al Estado nuevos grandes gastos, pero sin embargo anunció un programa de reconstrucción para la posguerra. Este programa comprendería diversas “medidas prácticas” de gran alcance, entre las que habría un seguro universal de salud de la cuna a la tumba (from the craddle to the grave) y la abolición del desempleo por políticas públicas que ejercerían una influencia equilibrante.

Las ideas keynesianas del Informe fueron pues rápidamente aceptadas por conservadores y liberales ―dado el precedente de indiferencia dolosa del gobierno británico al impacto de la crisis de los años 30 sobre las clases populares, quizá temían que podría pasar con el retorno de una tropa aguerrida y victoriosa si el Estado no actuaba al nivel que exigía la gravedad de la situación. Curiosamente, la oposición al plan procedió de algunos líderes laboristas que, con su bagaje de lucha sindical a corto plazo para la protección de los trabajadores poco cualificados, estaban más interesados en discutir sobre salarios que sobre seguridad social. El dirigente laborista Ernest Bevin despreció el plan calificándolo “de ambulancia social”. Sin embargo Bevin y colegas fueron rápidamente superados por sus propias bases y precisamente sería un gobierno laborista (el de Clement Attlee, surgido de la derrota de Churchill en las elecciones generales de julio de 1945) quien adoptara y desarrollara un plan global de progreso social centrado en la lucha contra la necesidad, la enfermedad, la ignorancia, la miseria y la inactividad por falta de trabajo, según Beveridge “gigantes” que asediaban la ciudadanía, dañaban la vida de las personas y que impedirían la reconstrucción del país si no se ponía remedio. Beveridge, con su informe, seguramente se ganó tanto el cielo como la estima terrenal de muchos contemporáneos, especialmente de los soldados que volverían vivos de la guerra y tenían que empezar de nuevo.

El austero William Henry Beveridge fue un coloso intelectual, capaz de establecer una visión de futuro y una estrategia de acción aceptadas por los ideólogos conservadores y laboristas y sobre todo por el público, que quería una Gran Bretaña renovada, menos clasista, más equitativa y más justa. Como dice la emprendedora social Hilary Cottam, antes de Beveridge aquel era un país de enormes desigualdades, con un sistema de salud que pocos se podían permitir, escuelas que parecían sacadas de las obras de Dickens y una sociedad desesperadamente dependiente de la herencia colonial.[5] Una sociedad, por cierto, bastante bien retratada en algunos best-sellers de Ken Follet.

Beveridge nunca empleó la expresión “estado del bienestar”, terminología que no le gustaba. Prefería hablar “de estado de servicios sociales” para resaltar los deberes del individuo con la sociedad y no sólo los del Estado con el individuo. En su visión, había que evitar todo lo que pudiera desalentar a las personas individuo o limitar sus oportunidades y responsabilidad. Una vez cubiertos unos determinados mínimos estatutariamente establecidos, el Estado debía ceder toda la iniciativa a la acción voluntaria de cada persona y dejar que consiguiera más del mínimo para ella misma y su familia. En este sentido, y ya hacia el final de una trayectoria vital que terminaría en 1963, mientras continuaba manteniendo que el Estado hacía bien de actuar en muchos más ámbitos que en el pasado, Beveridge expresó su temor de haber dado lugar a un sistema que podía estimular los individuos a centrarse pasivamente en sus necesidades y carencias y que, según como fuera desarrollado, podía limitar el potencial del ciudadano para contribuir al avance social.

Gracias a Beveridge tras la guerra el Reino Unido consiguió rápidamente aumentos muy sustanciales de los niveles de salud y de educación de la población, de expectativa de vida, de movilidad social y de oportunidades de tener trabajo. En dos palabras: bienestar y prosperidad. Su visión y planteamientos fueron determinantes en la transformación social más grande de ese país en el último siglo. En un próximo post continuaremos con las ideas de William Beveridge y especularemos un poco sobre las decisivas implicaciones de la visión de la educación como servicio social.

Ferran Ruiz Tarragó

@frtarrago

PD: En relación con Churchill vale la pena mencionar que cuando en 1941 nombró un tal Richard A. Butler ministro de educación, le dijo que su poder se acababa a las puertas de la clase y que cualquier idea sobre enseñanza la debía expresar como sugerencia, no como orden. ¡Qué lástima que esta lección sea tan desaprovechada!


[1] Enlaces a un fragmento del Report y al artículo Beveridge Report de Wikipedia.

[2] https://www.infoplease.com/encyclopedia/people/social-sciences-and-the-law/economics-biographies/beveridge-william-henry#ixzz1tuoWhAgE

[3] La admirable potencia de estos encomios al Report se aprecia plenamente en inglés: … “had been welcomed with almost universal approval by people of all shades of opinion and by all sections of the community” … “the first real attempt to put into practice the talk about new world” … “a momentous document which should and must exercise a profound and immediate influence on the direction of social change in Britain“, y, más que otras, las palabras del arzobispo de Canterbury: “the first time anyone had septiembre out to embody the whole spirit of the Christian ethic in an Act of Parliament.

[4] Hablando de la Iglesia de Inglaterra, a pesar de que directamente no tiene nada que ver con el tema de este artículo, no me resisto a añadir que acaba de nombrar obispa de Londres a la señora Sarah Mullally, enfermera especialista en tratamiento del cáncer (que se confiesa disléxica) y ex-jefe de las 400.000 enfermeras del National Health Service de Inglaterra.

[5] Hilary Cottam (2008) Beveridge 4.0. Participle Limited. A modo de anécdota, este interesante documento menciona las últimas palabras atribuidas a Beveridge: I still have a thousand things to do.

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